jueves, 21 de mayo de 2009

Por qué nos ejercitamos?

Por qué nos ejercitamos?

Típico día de trabajo, me levanto a las 5:30 a.m., tomo mi taza de café y preparo mi desayuno tradicional de avena cruda con leche, pasas y miel. Salgo de mi casa hacia mi lugar de trabajo y empiezo mi jornada. Aproximándose la hora de almuerzo tomo mi bulto con mi ropa de entrenamiento y me dirijo al gimnasio. La acumulación de stress por el transito, el trabajo, los problemas económicos y otros menesteres comienzan a deteriorar mi cuerpo y mi espíritu. Al llegar al gimnasio comienzo a sentir una energía positiva, saludo a un grupo de instructores y compañeros de ejercicios y procedo a comenzar mi entrenamiento. Con cronómetro en mano, para medir los tiempos de entrenamiento y descanso, coloco mis manos en la barra y procedo a realizar mi primera repetición. Los músculos comienzan a contraerse, las pulsaciones a elevarse y comienza a sentirse el fluir de las endorfinas haciendo su efecto seductor y calmante. Es el único momento del día que realmente dedico a mi mismo.

Tras una rutina de 45 minutos, no puedo evitar sentirme realizado por mis logros. Termino mi rutina sintiéndome un ser superior, capaz de llevarme al mundo por delante, lleno de placer, lleno de bienestar. Después de un buen almuerzo, retomo la rutina de trabajo con una energía incomparable, una energía que hasta los que me rodean la perciben.

Lo que describo anteriormente, mas el hecho de que muchas personas asuman que tengo 6 años menos de lo que realmente tengo son simplemente dos de las razones por lo cual hago ejercicios.

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